La magia de sus dedos al pasear por su mejilla, ella alucina con los ojos entreabiertos al pasar por aquella calle, el viento la guía a aquella linda plaza lleno de verde, un verde familiar, un verde querido.
Siempre con las manos frías, con todos sus defectos proclamados como leyes civiles sin opciones a golpes de estados, esos mechones enredados es arma secreta, puede perderse milenios en esos laberintos, el labio inferior más ancho que el superior, su andar poco ortodoxo y su voz de decibelios inquietos.
Cuando era.
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y ya no es
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